10 enero 2005

Una vez más

La esfera se llenó de imágenes deformando todo cuanto pudo ver a su alrededor. Tan sólo tres dedos la sostenían, como había sido siempre; el hombre lloró al descubrirla, como había sido siempre; la giró para un lado, para el otro, la miró fijo y volvió a cubrirla, como había sido siempre. Ese día el bosque estuvo más silencioso que de costumbre.

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