02 septiembre 2010

Con sabor a pasado

Era un beso con sabor a pasado. Corría entre los dedos y se desgranaba sobre el suelo duro de asfalto. El calor que necesitaba para empezar la mañana fría y desnuda, como tantos días por venir. Era un beso que quizás le haya salvado la vida muchas veces, pero lo pensó después, aislado del tránsito, camino al trabajo. Se sentó en el umbral a reconocer sus dedos, ásperos, duros, curtidos de cartones. No era su cuerpo, no podía ser su cuerpo, y un beso no bastaba. Todavía no había podido curtir el corazón. Se puso a llorar y fue inútil.
Era un beso de recuerdo, modelado para la conveniencia del momento, pero todo tiene un límite y un beso no bastaba. Miró alrededor y vio todo muerto, la gente muerta mezclada entre cartones, mezclada con él, también muerto.
A las cinco sacaron las bolsas y dejó de pensar. Guardó el beso cuidadosamente en el bolsillo y empezó a seleccionar.

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