26 diciembre 2005

Un loco sublime

Un negro matiz de sentimientos oscuros dominaba cada una de tus reacciones. Desde el disparo la sierra, el pozo y el cigarrillo, insignia de una victoria siniestra, hasta el traje y el buenos días. Un ser extraño, perfectamente macabro. Un loco sublime, metódico, morboso y despreocupado. La camisa abierta, la corbata floja en corona de laureles, el atardecer que entraba por unos ojos bien abiertos, las ojeras transpiradas, las manos siempre impecables.
De criticar, por hacerlo nomás, una mínima gota de sangre oscura y muerta filtrada sobre el interior del pantalón, a la altura del dobladillo, pero que pasaría indiferente a la mirada de todos.

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