Las calles no sienten los espasmos de tu noche.
Aislada en el vestido de edredón,
camuflado de frío y sombra,
sentís la nieve desagotar por el cauce de tus venas.
Mientras las horas, una a una, humedecen los calcáreos.
Aislada en el vestido de edredón,
camuflado de frío y sombra,
sentís la nieve desagotar por el cauce de tus venas.
Mientras las horas, una a una, humedecen los calcáreos.
2 comentarios:
Hermosa, excelente y dolorosa, como todo lo que carga arte del verdadero.
Pude verla. Pude sentir el agite del espasmo, nulo de toda sociedad, y pude ver correr la nieve vereda abajo, sin que a ningún semáforo le importe ni tren alguno se detenga.
Felicitaciones.
Gracias Conde, se me sonrojan los juanetes!
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