Ellos nacen con estímulos de superdotados y revientan estrellas con un punzón. Sus sales intensifican los sabores y cazan sus anuencias con determinación. Discurren por el tejido social tomándolo todo a su antojo y el descarte de sus juegos otros lo van barriendo por debajo. Saltan, sueltan y explotan, en un diálogo tan simple y bello como la monotonía misma.
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