27 julio 2026

Ondas en el desierto

Cuando corriste por esos alterados paisajes de soledad, el páramo no supo qué pasaba, y qué debía hacer entonces. Suspendió toda actividad y dejó que los tonos del cielo se fundieran mientras atardecía, o amanecía, en colores irreales. Era un cielo privado de cielo y su reposo. La vida del páramo, si es que existía, se alteró por un momento, lo suficiente para ver el ondular de tus cabellos. Pero tus sentimientos eran tan ajenos a los de ellos, ese mundo de semivida, que poco más podían hacer.

Luego el páramo y sus habitantes lamentaron haberte privado de su cielo, pensaron que te hubiese gustado verlo, y quizá acompañarlos unos minutos más.

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