-Ahora que los blogs están muertos y la gente ya no lee, se limita a mirar sin entender, sin aceptar desafíos ni permitirse elaboraciones, tan sólo por el arte de joder, voy a volver a...
-¿Dejar de escribir? -Seguramente. -Pensé que me había librado de vos... -No. Nunca.
Necesitamos más acciones terapéuticas basadas en la incongruencia casi senil de los actos mismos de ruptura. Impulsos que cambian de dirección a expensas de un gasto de energía inmenso. Porque el verdadero crecimiento está en la capacidad viril de decidir encauzar toda esa energía que nunca es suficiente. Las represas que vamos construyendo nos cuestan la vida, pero son las únicas obras verdaderamente importantes.
Somos actos ingobernables de la pasión mundana que dicta la ignorancia,
ignorancia de quien hilvana con aguja de piedra en la carne de nuestra fragilidad. Somos actos inconsistentes que se derraman por la mesa para mezclarse con la basura del suelo,
ese suelo artificial que esmeramos como base de nuestra inútil huida del desconocimiento.
Las luces brillan diminutas, y tapizan el cielo.
Lejanas.
Inalcanzables.