Jorge Luis Borges - 1964
08 abril 2008
22 marzo 2008
Personal III
Ese muro frío, bajo el oscuro gris plomizo del cielo.
Ese frío que llega a los huesos, y se convierte en vapor exhalado con dolor.
Esos carteles descoloridos, a medio arrancar, amontonados unos sobre otros.
Que gritan.
Mirar el cielo por sobre el muro y no ver una palabra.
Caminar de un lado a otro con gorra y abrigo en el cuello, mientras los pómulos se congelan y los ojos lloran.
Los cuencos vacíos de los ojos de los edificios no dicen una palabra.
El cemento en su fisonomía más ruda, despojada de cualquier cuidado gracias al sentimiento más profundo, que pone coto al odio sin fundamento.
Recostarse sobre el muro y ser absorbido sin entender los extremos del absurdo.
La física establece una impotencia que la decepción no puede destruir.
Volver a ningún lugar con las manos vacías dentro de los bolsillos.
Ese frío que llega a los huesos, y se convierte en vapor exhalado con dolor.
Esos carteles descoloridos, a medio arrancar, amontonados unos sobre otros.
Que gritan.
Mirar el cielo por sobre el muro y no ver una palabra.
Caminar de un lado a otro con gorra y abrigo en el cuello, mientras los pómulos se congelan y los ojos lloran.
Los cuencos vacíos de los ojos de los edificios no dicen una palabra.
El cemento en su fisonomía más ruda, despojada de cualquier cuidado gracias al sentimiento más profundo, que pone coto al odio sin fundamento.
Recostarse sobre el muro y ser absorbido sin entender los extremos del absurdo.
La física establece una impotencia que la decepción no puede destruir.
Volver a ningún lugar con las manos vacías dentro de los bolsillos.
Personal II
Necesito acariciar la piedra polvorienta de las viejas arcadas,
caminar en sandalias por suelos de mármol, cubiertos de tierra.
Necesito ver la perfecta conjunción de las construcciones con la naturaleza.
Alejarme de las piletas de escasa profundidad, mantenerme bajo los cielos claros, escapar de los densos azules.
Necesito pensar en cosas realmente importantes.
caminar en sandalias por suelos de mármol, cubiertos de tierra.
Necesito ver la perfecta conjunción de las construcciones con la naturaleza.
Alejarme de las piletas de escasa profundidad, mantenerme bajo los cielos claros, escapar de los densos azules.
Necesito pensar en cosas realmente importantes.
Personal I
Por qué no lograremos un cielo más claro?
Siempre este azul oscuro, grisáceo, tan cerca de nuestras narices.
Estoy cansado de lavar,
en estas piscinas de mármol,
de escasa profundidad.
Sobre un césped verde, ajeno. Indiferente.
A la intemperie, siempre.
El silencio de tormenta envuelve una tempestad completamente calma.
Siempre este azul oscuro, grisáceo, tan cerca de nuestras narices.
Estoy cansado de lavar,
en estas piscinas de mármol,
de escasa profundidad.
Sobre un césped verde, ajeno. Indiferente.
A la intemperie, siempre.
El silencio de tormenta envuelve una tempestad completamente calma.
08 diciembre 2007
Conjunciones
Hay horas que duelen,
y lo saben,
pero poco pueden hacer,
más que mirar con piedad.
Hay espacios inmensos,
que conocemos,
como un simple cuarto.
Hay sombras al servicio de la tristeza,
que no vacilan,
ni por un instante.
La inmovilidad,
detrás de la nuca,
nos sostiene,
mientras nos mira,
y sonríe.
y lo saben,
pero poco pueden hacer,
más que mirar con piedad.
Hay espacios inmensos,
que conocemos,
como un simple cuarto.
Hay sombras al servicio de la tristeza,
que no vacilan,
ni por un instante.
La inmovilidad,
detrás de la nuca,
nos sostiene,
mientras nos mira,
y sonríe.
29 noviembre 2007
Refugios
"En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas
yo aprendí filosofía... dados... timba...
y la poesía cruel,
de no pensar más en mí".
de sabihondos y suicidas
yo aprendí filosofía... dados... timba...
y la poesía cruel,
de no pensar más en mí".
Enrique Santos Discépolo - Cafetín de Buenos Aires
12 agosto 2007
Racionalización
Descubrimos que la isla estaba completamente desierta mucho después de encontrar la máquina expendedora de gaseosas, lo que, en un principio nos confundió. La máquina estaba llena de bebidas y funcionaba gracias a la energía que proveía un molino de viento. Cualquiera hubiera pensado que romperíamos el vidrio para obtener las valiosas bebidas, pero no. Nos dedicamos veinte días a fabricar algún tipo de ficha que supliera una moneda de cualquier valor. Digo veinte días no como una meta prevista, sino porque a los veinte días obtuvimos el primer trago. Una vez que habíamos estudiado el sistema de extracción y, ante las primeras intenciones de discusión, dimos con la idea de racionalizar los tragos, por lo tanto distribuimos la misma cantidad de fichas para cada uno.
Pasaron dos días tranquilos. En el tercero se fue todo al carajo.
Una nueva variable nos tomó por sorpresa; ya quedaban muy pocas latas cuando en el fondo de una apareció la siguiente inscripción "Ganaste otra".
Todavía recordamos con cierto afecto aquella vieja y extraña máquina que enterró a dos de nuestros compañeros.
Pasaron dos días tranquilos. En el tercero se fue todo al carajo.
Una nueva variable nos tomó por sorpresa; ya quedaban muy pocas latas cuando en el fondo de una apareció la siguiente inscripción "Ganaste otra".
Todavía recordamos con cierto afecto aquella vieja y extraña máquina que enterró a dos de nuestros compañeros.
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