29 marzo 2006
Visiones
Para ver ciertas cosas es indispensable poner bizcos los ojos y predisponer el alma. Así y todo cuesta.
15 marzo 2006
10 marzo 2006
Es verdad
El pétalo sagrado de la flor de la rama del árbol del bosque de la tierra del planeta del universo del thëur de la pupila del ojo de la cara de la mujer que amo.
Eso quiero, le dije a mi genio de la lámpara, pero se me rió en la cara y desapareció. Sabía que tenía que comprar la otra, esto pasa por llevar siempre las ofertas.
Eso quiero, le dije a mi genio de la lámpara, pero se me rió en la cara y desapareció. Sabía que tenía que comprar la otra, esto pasa por llevar siempre las ofertas.
No, no sé
Joaquín yacía duro en la cama, quieto.
Estaba expectante, aunque mantenía los ojos cerrados. En realidad tenía una gran idea, una brillante idea, quizás la mejor que se le había ocurrido en toda su vida, y evaluaba si sería lo suficientemente rápido como para correr al escritorio, coger un papel y plasmarla. O simplemente se convertiría en cientos de mariposas que se perderían por los rincones de la casa.
Estaba expectante, aunque mantenía los ojos cerrados. En realidad tenía una gran idea, una brillante idea, quizás la mejor que se le había ocurrido en toda su vida, y evaluaba si sería lo suficientemente rápido como para correr al escritorio, coger un papel y plasmarla. O simplemente se convertiría en cientos de mariposas que se perderían por los rincones de la casa.
Inestabilidad
El problema con las palabras es que luego de escribirlas, algunas se mueven, saltan, me llaman la atención, y lo único que logran es atentar contra la idea central del texto. Seguro quieren ser las protagonistas de nuevas historias, otros comienzos, pero por suerte las mantengo en simples acotaciones.
07 marzo 2006
Sin sentido
Confía en las palabras a medida que la letra se deforme y adquiera velocidad. Los inútiles disponen de todo el tiempo del mundo para llevar a cabo su obra.
Ansiedad
Mis pequeños apéndices corrían peligro a causa de la ansiedad que me obligaba a destrozarlos de a poco, sacando prolijamente jirones de aquella piel que rodea en sus laterales a la uña. Somos pocos los que hacemos esto al revés del mundo, que como es debido, se come las uñas y las termina aislando en una masa de piel, ya inservibles, pobres uñas (*).
Pero mis pequeños apéndices corrían peligro, los incidentes habían desbordado a los pulgares y se concentraban en los índices, cosa que me preocupaba. Levanté la vista y el vaso de té vacío me obligó a descartar una opción, en realidad el tilo nunca me había hecho nada. Resolví saludablemente enfrentar el problema. Por suerte un médico oriental me había enseñado a desdoblarme, cosa que hice sin mayores dificultades, presionando aquí, tirando de allí y moviéndome enérgicamente hacia la derecha. En poco tiempo fuimos dos. Aquel conocía mi problema, eso es lo bueno de ser uno. Pero aquel era diferente, era un tipo de fiar, era quien yo hubiese querido ser, el que sabía, tomaría la decisión correcta a cada momento, ante cada encrucijada de la vida, aquel sabía conquistar mujeres (ellas sin duda lo adoraban). Me miró fijo, le di los guantes que atamos con dificultad, pero atamos al fin. Siguió una fiera pelea donde descargamos todas las energías, y que por suerte ganó él (en realidad ya sabía, podía confiar siempre en él). Hasta tuvo la delicadeza de acomodarme una almohada bajo la nuca y dejarme domir mis sueños de sangre y ardor tranquilamente.
(*) Formaremos una sociedad y algo ganaremos, no sé qué, pero algo.
Pero mis pequeños apéndices corrían peligro, los incidentes habían desbordado a los pulgares y se concentraban en los índices, cosa que me preocupaba. Levanté la vista y el vaso de té vacío me obligó a descartar una opción, en realidad el tilo nunca me había hecho nada. Resolví saludablemente enfrentar el problema. Por suerte un médico oriental me había enseñado a desdoblarme, cosa que hice sin mayores dificultades, presionando aquí, tirando de allí y moviéndome enérgicamente hacia la derecha. En poco tiempo fuimos dos. Aquel conocía mi problema, eso es lo bueno de ser uno. Pero aquel era diferente, era un tipo de fiar, era quien yo hubiese querido ser, el que sabía, tomaría la decisión correcta a cada momento, ante cada encrucijada de la vida, aquel sabía conquistar mujeres (ellas sin duda lo adoraban). Me miró fijo, le di los guantes que atamos con dificultad, pero atamos al fin. Siguió una fiera pelea donde descargamos todas las energías, y que por suerte ganó él (en realidad ya sabía, podía confiar siempre en él). Hasta tuvo la delicadeza de acomodarme una almohada bajo la nuca y dejarme domir mis sueños de sangre y ardor tranquilamente.
(*) Formaremos una sociedad y algo ganaremos, no sé qué, pero algo.
Domicilio
Vivo en tu axila de verano, resbalando sobre las gotas de sudor.
Vivo en ese espacio tan íntimo que precede al pliegue central de tu cola.
Confieso que a veces desciendo al secreto oscuro de placer.
Vivo solo, evito los lugares comunes, ahí correría peligro.
Me gusta, siempre que puedo, recorrer la curva más bonita que se extiende mansa y firme sobre el muslo, desde la cadera y hasta la rodilla.
Hermoso y variado paisaje sensual. Además, no pago impuestos.
Vivo en ese espacio tan íntimo que precede al pliegue central de tu cola.
Confieso que a veces desciendo al secreto oscuro de placer.
Vivo solo, evito los lugares comunes, ahí correría peligro.
Me gusta, siempre que puedo, recorrer la curva más bonita que se extiende mansa y firme sobre el muslo, desde la cadera y hasta la rodilla.
Hermoso y variado paisaje sensual. Además, no pago impuestos.
Visiones
El viejo tardó tres días en llegar, si bien la distancia no era excesiva, su andar conllevaba una lentitud triste marcada por los años. Cuando por fin se sintió seguro, se arremangó los pantalones, se sentó sobre el pasto virgen y dejó los anteojos negros a un lado.
Luego sólo esperó. Sabía que en corto tiempo vería el amanecer.
Luego sólo esperó. Sabía que en corto tiempo vería el amanecer.
04 marzo 2006
Brilla
Necesito que brilles. Luz Bendita. Hoy seremos compañeros. Acaricia el delicado verde. Llena tus pulmones. Brilla. Siente el espacio. Disfruta la obra. El camino es tan perfecto que inútil sería demarcarlo. El camino es todo. Es tu decisión. Mira lejos. Brilla con fuerza. Las flores se esfuerzan por volver la carita hacia vos. En medio del caos, tu extraño orden nos agrada. Gracias.
01 marzo 2006
Arquitectura
No hay azaroso destino que conciba estas líneas.
Todo a lo lejos, fuera de la humana comprensión,
está articulado por el arquitecto del mundo,
aquel que con sus hilos maneja a perfecta precisión,
los engranajes de nuestras puntuales y simples vidas.
Allá lejos, en la Fábrica del Universo Todo
se escucha tic, se escucha tac, para luego tic.
Todo tiene su tiempo y lugar dentro del diseño.
Nuestros engranajes se aceitan una sola vez.
Muy pocas ocasiones nos ponen en atención del Maestro.
Deber nuestro es, cuidarnos y ser útiles al todo,
para volver, luego de una extensa pulida,
al sistema global de piezas y dientes sanos.
Si mal los engranajes se corroen
y descuidan su funcionamiento,
sin vacilar nos reemplazan por otros nuevos,
y nos tiran en la caja de la chatarra,
para nunca o quizás, volver la vista hacia nosotros.
Nos olvidan, nos desarman, nos miran con desprecio.
Ojalá no sea tu suerte, hermano mío,
y goces de salud plena en esta vida,
para que nos encontremos allá lejos en el tiempo,
otra vez, dos engranajes, algún día.
Todo a lo lejos, fuera de la humana comprensión,
está articulado por el arquitecto del mundo,
aquel que con sus hilos maneja a perfecta precisión,
los engranajes de nuestras puntuales y simples vidas.
Allá lejos, en la Fábrica del Universo Todo
se escucha tic, se escucha tac, para luego tic.
Todo tiene su tiempo y lugar dentro del diseño.
Nuestros engranajes se aceitan una sola vez.
Muy pocas ocasiones nos ponen en atención del Maestro.
Deber nuestro es, cuidarnos y ser útiles al todo,
para volver, luego de una extensa pulida,
al sistema global de piezas y dientes sanos.
Si mal los engranajes se corroen
y descuidan su funcionamiento,
sin vacilar nos reemplazan por otros nuevos,
y nos tiran en la caja de la chatarra,
para nunca o quizás, volver la vista hacia nosotros.
Nos olvidan, nos desarman, nos miran con desprecio.
Ojalá no sea tu suerte, hermano mío,
y goces de salud plena en esta vida,
para que nos encontremos allá lejos en el tiempo,
otra vez, dos engranajes, algún día.
28 febrero 2006
Recuerdos
Aserrín aserrán,
los maderos de San Juan,
piden pan, no les dan,
piden queso y les dan un hueso,
y les cortan el pescuezo.
Canciones de la infancia, así estamos.
los maderos de San Juan,
piden pan, no les dan,
piden queso y les dan un hueso,
y les cortan el pescuezo.
Canciones de la infancia, así estamos.
21 febrero 2006
Amanece
Verás ahogar la sangría de una noche sin tiempos.
Verás palidecer un oscuro negro.
Tendrás nuevas alas de viento sur.
Morirás, tal vez, para ver el amanecer.
Y sentirás bien dentro, latir un corazón.
Verás palidecer un oscuro negro.
Tendrás nuevas alas de viento sur.
Morirás, tal vez, para ver el amanecer.
Y sentirás bien dentro, latir un corazón.
20 febrero 2006
Conclusión
Como técnico, los problemas que más me gusta resolver, son los que existen sólo en la mente de las personas.
17 febrero 2006
De viaje
Acaricio tu cuerpo ingenuo de majestuosa belleza.
Acaricio tu cuerpo porque no me adviertes.
Acaricio las curvas con una pasión débilmente controlada por la lentitud de mis movimientos.
Acaricio tu piel imaginada de tacto fugaz.
Tu cuerpo me lleva a un estudio de pintura de antaños, construido en un altillo. Con un fino, finísimo manto de polvo cubriendo el suelo. Habitado por la magia del artista, inspiración de obras ya finalizadas y cantidad inmensa de ideas arremolinadas, a una temperatura necesaria para erizar la piel, pero no suficiente para molestar. El piso es de madera, fresca madera. La gran ventana deja pasar mucha luz, luz que cae sobre el piso dibujando contornos bien definidos. El lienzo está enmarcado, a la espera, blanco, virgen. Los pinceles esperan, todo el cuarto espera tu presencia para plasmarla y recordarla por siempre.
Adiós bella criatura, quizás otro vagón nos encuentre juntos. Quizás.
Acaricio tu cuerpo porque no me adviertes.
Acaricio las curvas con una pasión débilmente controlada por la lentitud de mis movimientos.
Acaricio tu piel imaginada de tacto fugaz.
Tu cuerpo me lleva a un estudio de pintura de antaños, construido en un altillo. Con un fino, finísimo manto de polvo cubriendo el suelo. Habitado por la magia del artista, inspiración de obras ya finalizadas y cantidad inmensa de ideas arremolinadas, a una temperatura necesaria para erizar la piel, pero no suficiente para molestar. El piso es de madera, fresca madera. La gran ventana deja pasar mucha luz, luz que cae sobre el piso dibujando contornos bien definidos. El lienzo está enmarcado, a la espera, blanco, virgen. Los pinceles esperan, todo el cuarto espera tu presencia para plasmarla y recordarla por siempre.
Adiós bella criatura, quizás otro vagón nos encuentre juntos. Quizás.
16 febrero 2006
Lejos
Hoy también los barcos zarparían. Todos los días regularmente las gotas de madera se deslizaban por el tranquilo río, casi en comunión de intenciones. Todos los días era Domingo, con ese leve polvillo mágico que cautiva los sentimientos y perfuma la inspiración. Mi lugar de reposo estaba esperando, mi libro ansioso de verme a los ojos abría las páginas donde sabía, la costa se veía maravillosa, tranquila.
No todos los días se descubren estos lugares apartados del mundo, vírgenes de huellas, y cuando se tiene la suerte de encontrarlos (o serán ellos que nos encuentran) no se puede más que continuar viviendo en ellos para siempre.
Algunas hojas de los árboles del cielo, no sé porqué, caen a la tierra en forma de paraísos escondidos, regalos celestiales que nos permiten creer.
Después me desperté porque el calor me estaba derritiendo y todo seguía igual, encima ya era tarde.
No todos los días se descubren estos lugares apartados del mundo, vírgenes de huellas, y cuando se tiene la suerte de encontrarlos (o serán ellos que nos encuentran) no se puede más que continuar viviendo en ellos para siempre.
Algunas hojas de los árboles del cielo, no sé porqué, caen a la tierra en forma de paraísos escondidos, regalos celestiales que nos permiten creer.
Después me desperté porque el calor me estaba derritiendo y todo seguía igual, encima ya era tarde.
15 febrero 2006
Tiempos modernos
Y la picadora de carne (así como nos gusta llamarla) continuaba su actividad incesante, generando destinos para todos los inmigrantes. Varias etapas la constituían, en la primera, por dar un ejemplo, se seleccionaban aquellas personas con aptitudes para algún cargo político (la política había empeorado para entonces), según sus cualidades, el resto seguía hacia las etapas posteriores. Los que no lograban salir de la máquina en alguna de las etapas y llegaban al final, caían indefectiblemente en la picadora de carne literal y terminaban siendo hamburguesas.
Una excepción se daba con los artistas, estos al presentar el carnet que los acreditaba como tales, evitaban automáticamente todas las etapas y continuaban libres. Se valían de una antiquísima norma que casi por error había podido filtrar un senador, posteriormente asesinado.
En esa época era común ver por la calle unos monstruos llamados clasificadoras, que raptaban humanos de todo tipo para llevarlos a la picadora de carne, los brazos de las máquinas succionaban gente de una forma brutal, tal es así que el quince porciento del total de la carga moría al instante.
Una excepción se daba con los artistas, estos al presentar el carnet que los acreditaba como tales, evitaban automáticamente todas las etapas y continuaban libres. Se valían de una antiquísima norma que casi por error había podido filtrar un senador, posteriormente asesinado.
En esa época era común ver por la calle unos monstruos llamados clasificadoras, que raptaban humanos de todo tipo para llevarlos a la picadora de carne, los brazos de las máquinas succionaban gente de una forma brutal, tal es así que el quince porciento del total de la carga moría al instante.
14 febrero 2006
Diálogo de pastillas
Sentado cómodamente en el sillón, me disponía a mirar por TV el show de "Compre todo lo que nunca va a usar pero cómprelo ya a ver si todavía se da cuenta", disfrutando a su vez de una rica y potasiosa banana (sí, banana). La luz de la habitación brillaba por su ausencia. Apenas tenue, daba una forma borrosa del living.
Alguien se aclaraba la garganta y alarmado lo advertí detrás de la barra del bar, se mantenía en silencio pero no me sacaba la mirada de encima, los ojos bien redondos y blancos, un bigote espeso y poca estatura. De tez oscura y camisa a cuadros.
- Disculpe, usted qué mira?
- Y usted sabe lo que hace?
- Comer una banana, hasta donde yo sé...
- Sabe quién cosechó con sus propias manos esa banana?
- No me diga que...
- Sí, yo. Con el sudor de mi frente.
- No me dijo que con las manos?
- No se haga el tonto que ya bastante tonto es.
- Entoncés estoy justificado- golpeó la barra con el sombrero.
- Basta, ya es suficiente.
- Sí, ya es suficiente -ahora otra voz, recién salida del armario. De algún lado la conocía, media regordeta, de unos cincuenta, ojos negros y la misma indignación. Pero ese delantal verde con borde blanco medio roto...
- Sí, ya sé, no me diga nada, usted fue la que me vendió esta banana, o me equivoco?
- No se equivoca.
- En general no me equivoco casi nunca.
- Bueno, yo no diría eso, en realidad no lo conozco tanto.
- Es verdad, pero no viene al caso conocerme, no?
- No.
- Vio que no me equivoco.
Los dos miraban fijo, los dos con una mueca desaprobatoria al unísono. La situación se hacía insostenible. No pude más que coger el abrigo y salir a caminar un poco.
- Chau, hasta luego, que sigan bien... -las palabras quedaron suspendidas en el ambiente espeso y neblinoso del living, con sus puntos suspensivos y todo. Salí casi corriendo, derechito para la Farmacia a comprar los remedios.
Alguien se aclaraba la garganta y alarmado lo advertí detrás de la barra del bar, se mantenía en silencio pero no me sacaba la mirada de encima, los ojos bien redondos y blancos, un bigote espeso y poca estatura. De tez oscura y camisa a cuadros.
- Disculpe, usted qué mira?
- Y usted sabe lo que hace?
- Comer una banana, hasta donde yo sé...
- Sabe quién cosechó con sus propias manos esa banana?
- No me diga que...
- Sí, yo. Con el sudor de mi frente.
- No me dijo que con las manos?
- No se haga el tonto que ya bastante tonto es.
- Entoncés estoy justificado- golpeó la barra con el sombrero.
- Basta, ya es suficiente.
- Sí, ya es suficiente -ahora otra voz, recién salida del armario. De algún lado la conocía, media regordeta, de unos cincuenta, ojos negros y la misma indignación. Pero ese delantal verde con borde blanco medio roto...
- Sí, ya sé, no me diga nada, usted fue la que me vendió esta banana, o me equivoco?
- No se equivoca.
- En general no me equivoco casi nunca.
- Bueno, yo no diría eso, en realidad no lo conozco tanto.
- Es verdad, pero no viene al caso conocerme, no?
- No.
- Vio que no me equivoco.
Los dos miraban fijo, los dos con una mueca desaprobatoria al unísono. La situación se hacía insostenible. No pude más que coger el abrigo y salir a caminar un poco.
- Chau, hasta luego, que sigan bien... -las palabras quedaron suspendidas en el ambiente espeso y neblinoso del living, con sus puntos suspensivos y todo. Salí casi corriendo, derechito para la Farmacia a comprar los remedios.
13 febrero 2006
En serio
No hay caso, por más que me esfuerce, practique y practique, aunque logre agarrar las monedas del vuelto en el subte lo más rápido que un hombre pueda, al darme vuelta, el señor que siga en la fila estará molesto por mi presencia. Es un tema que me tenía mal, te juro que hasta que volé la estación en pedazos me tenía mal. Igual, ahora tengo otros problemas que iré resolviendo a su medido momento.
(es fulero medir los momentos, no?)
(es fulero medir los momentos, no?)
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