25 octubre 2010

Vida eterna

Siendo que el purgatorio ya no existe, si logro que no me quieran en el cielo ni en el infierno me vuelvo inmortal.

21 octubre 2010

Que quede en familia

Cada vez que me dicen que alguien tuvo familia no puedo evitar el imaginarme a una mujer en posición de parto de la cual sale primero un nene, luego un padre, y unos abuelos, y tíos, nietos, cuñados, novios, algún vecino confianzudo y un potus. Todos de la mano.

A la mínima expresión #2

-Te conozco?
-No. Pero podrías.

20 octubre 2010

Imbecilidades

A saber:

Los elefantes no vuelan
y las cabras no llevan botas.

(Al que hable de Dumbo o busque el significado de la vida en esas frases...)

02 octubre 2010

Hay tantas realidades

En esta ocasión especial y desafiando todas las leyes del buen gusto,
hemos recibido la colaboración de un verdadero escritor, a quien espero disfruten.
El texto pertenece al querido Conde V. Onoff. Sólo la imagen es de mi autoría.
Es así, la sabiduría ya viene en sobrecitos.


Me enteré de que ya no estabas cuando te vi descender de esa cima absoluta. Sonreías. Y yo mentía. Tomabas las cuerdas con esa delicadeza que todas mis tazas de té conocen. La montaña no miraba mi ominosa incredulidad con ningún respeto y yo con los ojos fijos sólo en la cópula entre tus manos y las cuerdas. Sonreías. Las cámaras de televisión hacían polvo las distancias. Y yo enterándome de que ya no estabas en mi cama, de que mi almohada no tenía forma de cerro y de que tu sonrisa tenía tantas formas de ser entendida como nudos portaba esa soga. Pocos. Y yo mentía. Pero a vos te acribillaban las cámaras con ese directo-en vivo-hace instantes en el que vos bajabas por haber subido. Y mi cama. Y la distancia que mi televisor leía entre líneas para ubicarme en una realidad que te contiene, como las sogas, porque mi cama ya no, ¿Cuándo subiste?, cuando bajás, y tus manos deslizando sonrisas entre las sábanas-sogas. ¿Qué se ve desde allá?, ¿se ve nuestro primer café? Sonreías. Agarré el televisor y lo puse de tu lado de la cama. Me acosté en la realidad. Vos bajabas de aquella cima. Dos mil trescientos veinticuatro metros restan para que el periodista se calle y el viento barre con tus palabras. El televisor sobre tu almohada y yo a tu lado. Vas a soltar las sogas y vas a caer al vacío cuando yo me duerma.

Conde V. Onoff

02 septiembre 2010

Con sabor a pasado

Era un beso con sabor a pasado. Corría entre los dedos y se desgranaba sobre el suelo duro de asfalto. El calor que necesitaba para empezar la mañana fría y desnuda, como tantos días por venir. Era un beso que quizás le haya salvado la vida muchas veces, pero lo pensó después, aislado del tránsito, camino al trabajo. Se sentó en el umbral a reconocer sus dedos, ásperos, duros, curtidos de cartones. No era su cuerpo, no podía ser su cuerpo, y un beso no bastaba. Todavía no había podido curtir el corazón. Se puso a llorar y fue inútil.
Era un beso de recuerdo, modelado para la conveniencia del momento, pero todo tiene un límite y un beso no bastaba. Miró alrededor y vio todo muerto, la gente muerta mezclada entre cartones, mezclada con él, también muerto.
A las cinco sacaron las bolsas y dejó de pensar. Guardó el beso cuidadosamente en el bolsillo y empezó a seleccionar.

29 agosto 2010

De las inconveniencias de usar traje

Cuando emergí de la panza de mi madre, lo que vulgarmente se conoce como nacer, lo hice usando un bonito traje a medida que tuve el cuidado de ir confeccionando durante los meses de ocio dentro de la cueva espacial. Si bien este no pudo permanecer seco ni un solo momento, sería bueno aclarar que tampoco destiñó ni achicó, lo cual me llena de orgullo. Llegado el momento de salir, cuando se empezaban a ver luces y escuchar sonidos molestos desde el exterior, dije a viva voz pero sin las características groseras de un grito:
“-Momento, que puedo solo” y entre tironeos y flexiones me las arreglé para sacar una pata. Se ve que el obstetra no quiso perder su parte de protagonismo porque cuando ya tenía todo medio cocinado y terminaba de alisar algunas arrugas para sacar la cabecita, me tomó de las dos piernas y me sacó de sopetón, con lo que quedó el sombrero adentro y la verdad que no lo vi salir en todo ese día, ni en los siguientes, hasta que me dio pudor reclamarlo o avisar sobre su existencia (más tarde entendí lo de la placenta y todo eso, es que a uno le informan tan poco, ni siquiera le preguntan si quiere salir y cuándo, aunque no sea más que una formalidad). Recuerdo que al estar frente a frente, abrí bien los ojos para mirar al tipo que me había arruinado ese momento glorioso, planificado durante meses, los pasos que había ensayado para presentarme con total elegancia (mientras creían que el bebé pateaba “-uy mirá gordo, va a ser futbolista”, “-no no no, va a ser lo que tenga que ser o no será una licuadora, por lo menos”), el corto pero profundo discurso de bienvenida que había creado en un instante de inspiración literaria extrema (esos no eran cigarrillos de chocolate), la cabeza descubierta a falta de mi tan querido sombrero, en fin, abrí bien los ojos y le sostuve la mirada de forma inquisitiva durante largo tiempo, dejándole entrever que tan pronto tuviera la suficiente edad lo iría a buscar en medio de otro parto para regalarle unas sesiones de desfibrilación anticipada porque uno nunca sabe, ante la duda mejor estar cubierto ($4.- por persona). Sostenido como estaba con una mano y viendo venir la otra para la caricia fingida o la palmada en mis zonas pudendas, me apresuré a sacar el traje (sin perder la clase o la delicadeza, por supuesto) y lo colgué usando sus dedotes como un bonito perchero, luego de lo cual, mientras los señores de delantal blanco se miraban entre sí sin entender todavía bien qué estaba pasando, me senté en la cama al lado de mi madre-hogar como buen niño que soy, inspiré profundamente y me puse a llorar.

31 julio 2010

Somnus interruptus

Me duermo me duermo me duermo. Suena el teléfono.
Otra vez:
Me duermo me duermo me duermo. Suena el teléfono.
A los 10 minutos:
Me duermo me duermo me duermo. Suena el maldito teléfono.
Grrr.
Y así sistemáticamente. Hasta que desisto, me hago un café con dos cucharaditas de mal humor y me quedo despierto. Por supuesto que no suena más el teléfono, pero sé que está esperando, alguien está a punto, esperando, llegando a la puerta, todo en vilo, suspendido. El futuro con ojos entrecerrados, decidido a romper las pelotas.
Voy a tener que dormir a la noche, no queda otra.
Estoy empezando a pensar que realmente vengo a trabajar y eso, eso...
Eso no.

27 julio 2010

Ahí estoy


Edward Hopper - Soir Bleu - 1914
(gracias Lucas)

No hay que pispiar

Podemos alejarnos de nosotros mismos tanto como queramos, hay toda una estructura armada y aceitada para hacer esto de la forma más efectiva posible (recuerdo un fragmento de "Farenheit 451" que leí en un blog amigo), pero cuando ya se abrieron ciertas puertas, aquello que dejaste entrar no se pierde más, te sigue para siempre. O te destruye, o te ilumina.

Miríada

Alisar el entrecejo para esuchar dolor.
Sentir el ciento volando y desear.
Vos y esa lágrima cayendo miraban al cielo.
Tomaste aquella decisión apresurada.
Creciste sin saber todavía. Años.

10 julio 2010

Both sides

Sí, admiro tu belleza interior.
Lástima que no seas reversible.

Como las camperas, ¿viste?

09 julio 2010

Duermevela

Hablar en sueños,
siempre lastima.

Mejor mantener la boca cerrada,
o despertar.

03 julio 2010

Que no valen nada

Las entrañas revueltas al compás de la soledad. Sin energías para detener esa música.
Entrecierro las puertas del futuro para ver tan solo ese paisaje desolador que me invento. Dejo pasar indefenso los dardos que me disparan sin piedad desde lugares lejanos, y aciertan siempre. Fundido al cemento que no acaba más allá del horizonte, anclado contra mi voluntad por ella misma, veo como la tristeza desagota y deja una cáscara vacía, arrugada.
No termino de contar los pedazos desparramados de una integridad que nunca fue.

Un carbón que se muere y recuerda sus coronas.

02 julio 2010

Hadas tejidas

-Vos buscás hadas, pero mis alas son de alambre y tela.
-Pero alas al fin.
-En un tiempo las creí verdaderas, pero no te puedo engañar con esa ilusión.
-¿Y si busco ilusión?
-Al final de cada ilusión hay una pared.
-¿Duele?
-Depende de la fe.
-¿Entonces?
-No puedo más que postrarme ante vos y revelarme vacío.
-No, vacío no.
-No toques nada, todo lo que ves contamina.
-¿Cómo sabés? La alquimia de una persona puede ser más poderosa de lo que vos pensás.
-Pestilencia y dolor, están todas probadas.
-Este reloj...
-No lo toques, te prevengo, en el fondo te amo de la manera más sana. Atrás, ahora.
-Me sirve.
-Por qué?
-Me recuerda la muerte, cada movimiento de las agujas la acerca.
-Quizás sea el invento más macabro que haya generado el hombre en su inocencia.
-Me lo llevo.
-Por favor no caigas en la trampa. Soy una trampa. Date cuenta.
-Ya lo sé -le acaricia la mejilla.
-Te juro que no.
-Gracias.
-Lo siento, te amo demasiado.
-Yo no.