04 marzo 2006
Brilla
Necesito que brilles. Luz Bendita. Hoy seremos compañeros. Acaricia el delicado verde. Llena tus pulmones. Brilla. Siente el espacio. Disfruta la obra. El camino es tan perfecto que inútil sería demarcarlo. El camino es todo. Es tu decisión. Mira lejos. Brilla con fuerza. Las flores se esfuerzan por volver la carita hacia vos. En medio del caos, tu extraño orden nos agrada. Gracias.
01 marzo 2006
Arquitectura
No hay azaroso destino que conciba estas líneas.
Todo a lo lejos, fuera de la humana comprensión,
está articulado por el arquitecto del mundo,
aquel que con sus hilos maneja a perfecta precisión,
los engranajes de nuestras puntuales y simples vidas.
Allá lejos, en la Fábrica del Universo Todo
se escucha tic, se escucha tac, para luego tic.
Todo tiene su tiempo y lugar dentro del diseño.
Nuestros engranajes se aceitan una sola vez.
Muy pocas ocasiones nos ponen en atención del Maestro.
Deber nuestro es, cuidarnos y ser útiles al todo,
para volver, luego de una extensa pulida,
al sistema global de piezas y dientes sanos.
Si mal los engranajes se corroen
y descuidan su funcionamiento,
sin vacilar nos reemplazan por otros nuevos,
y nos tiran en la caja de la chatarra,
para nunca o quizás, volver la vista hacia nosotros.
Nos olvidan, nos desarman, nos miran con desprecio.
Ojalá no sea tu suerte, hermano mío,
y goces de salud plena en esta vida,
para que nos encontremos allá lejos en el tiempo,
otra vez, dos engranajes, algún día.
Todo a lo lejos, fuera de la humana comprensión,
está articulado por el arquitecto del mundo,
aquel que con sus hilos maneja a perfecta precisión,
los engranajes de nuestras puntuales y simples vidas.
Allá lejos, en la Fábrica del Universo Todo
se escucha tic, se escucha tac, para luego tic.
Todo tiene su tiempo y lugar dentro del diseño.
Nuestros engranajes se aceitan una sola vez.
Muy pocas ocasiones nos ponen en atención del Maestro.
Deber nuestro es, cuidarnos y ser útiles al todo,
para volver, luego de una extensa pulida,
al sistema global de piezas y dientes sanos.
Si mal los engranajes se corroen
y descuidan su funcionamiento,
sin vacilar nos reemplazan por otros nuevos,
y nos tiran en la caja de la chatarra,
para nunca o quizás, volver la vista hacia nosotros.
Nos olvidan, nos desarman, nos miran con desprecio.
Ojalá no sea tu suerte, hermano mío,
y goces de salud plena en esta vida,
para que nos encontremos allá lejos en el tiempo,
otra vez, dos engranajes, algún día.
28 febrero 2006
Recuerdos
Aserrín aserrán,
los maderos de San Juan,
piden pan, no les dan,
piden queso y les dan un hueso,
y les cortan el pescuezo.
Canciones de la infancia, así estamos.
los maderos de San Juan,
piden pan, no les dan,
piden queso y les dan un hueso,
y les cortan el pescuezo.
Canciones de la infancia, así estamos.
21 febrero 2006
Amanece
Verás ahogar la sangría de una noche sin tiempos.
Verás palidecer un oscuro negro.
Tendrás nuevas alas de viento sur.
Morirás, tal vez, para ver el amanecer.
Y sentirás bien dentro, latir un corazón.
Verás palidecer un oscuro negro.
Tendrás nuevas alas de viento sur.
Morirás, tal vez, para ver el amanecer.
Y sentirás bien dentro, latir un corazón.
20 febrero 2006
Conclusión
Como técnico, los problemas que más me gusta resolver, son los que existen sólo en la mente de las personas.
17 febrero 2006
De viaje
Acaricio tu cuerpo ingenuo de majestuosa belleza.
Acaricio tu cuerpo porque no me adviertes.
Acaricio las curvas con una pasión débilmente controlada por la lentitud de mis movimientos.
Acaricio tu piel imaginada de tacto fugaz.
Tu cuerpo me lleva a un estudio de pintura de antaños, construido en un altillo. Con un fino, finísimo manto de polvo cubriendo el suelo. Habitado por la magia del artista, inspiración de obras ya finalizadas y cantidad inmensa de ideas arremolinadas, a una temperatura necesaria para erizar la piel, pero no suficiente para molestar. El piso es de madera, fresca madera. La gran ventana deja pasar mucha luz, luz que cae sobre el piso dibujando contornos bien definidos. El lienzo está enmarcado, a la espera, blanco, virgen. Los pinceles esperan, todo el cuarto espera tu presencia para plasmarla y recordarla por siempre.
Adiós bella criatura, quizás otro vagón nos encuentre juntos. Quizás.
Acaricio tu cuerpo porque no me adviertes.
Acaricio las curvas con una pasión débilmente controlada por la lentitud de mis movimientos.
Acaricio tu piel imaginada de tacto fugaz.
Tu cuerpo me lleva a un estudio de pintura de antaños, construido en un altillo. Con un fino, finísimo manto de polvo cubriendo el suelo. Habitado por la magia del artista, inspiración de obras ya finalizadas y cantidad inmensa de ideas arremolinadas, a una temperatura necesaria para erizar la piel, pero no suficiente para molestar. El piso es de madera, fresca madera. La gran ventana deja pasar mucha luz, luz que cae sobre el piso dibujando contornos bien definidos. El lienzo está enmarcado, a la espera, blanco, virgen. Los pinceles esperan, todo el cuarto espera tu presencia para plasmarla y recordarla por siempre.
Adiós bella criatura, quizás otro vagón nos encuentre juntos. Quizás.
16 febrero 2006
Lejos
Hoy también los barcos zarparían. Todos los días regularmente las gotas de madera se deslizaban por el tranquilo río, casi en comunión de intenciones. Todos los días era Domingo, con ese leve polvillo mágico que cautiva los sentimientos y perfuma la inspiración. Mi lugar de reposo estaba esperando, mi libro ansioso de verme a los ojos abría las páginas donde sabía, la costa se veía maravillosa, tranquila.
No todos los días se descubren estos lugares apartados del mundo, vírgenes de huellas, y cuando se tiene la suerte de encontrarlos (o serán ellos que nos encuentran) no se puede más que continuar viviendo en ellos para siempre.
Algunas hojas de los árboles del cielo, no sé porqué, caen a la tierra en forma de paraísos escondidos, regalos celestiales que nos permiten creer.
Después me desperté porque el calor me estaba derritiendo y todo seguía igual, encima ya era tarde.
No todos los días se descubren estos lugares apartados del mundo, vírgenes de huellas, y cuando se tiene la suerte de encontrarlos (o serán ellos que nos encuentran) no se puede más que continuar viviendo en ellos para siempre.
Algunas hojas de los árboles del cielo, no sé porqué, caen a la tierra en forma de paraísos escondidos, regalos celestiales que nos permiten creer.
Después me desperté porque el calor me estaba derritiendo y todo seguía igual, encima ya era tarde.
15 febrero 2006
Tiempos modernos
Y la picadora de carne (así como nos gusta llamarla) continuaba su actividad incesante, generando destinos para todos los inmigrantes. Varias etapas la constituían, en la primera, por dar un ejemplo, se seleccionaban aquellas personas con aptitudes para algún cargo político (la política había empeorado para entonces), según sus cualidades, el resto seguía hacia las etapas posteriores. Los que no lograban salir de la máquina en alguna de las etapas y llegaban al final, caían indefectiblemente en la picadora de carne literal y terminaban siendo hamburguesas.
Una excepción se daba con los artistas, estos al presentar el carnet que los acreditaba como tales, evitaban automáticamente todas las etapas y continuaban libres. Se valían de una antiquísima norma que casi por error había podido filtrar un senador, posteriormente asesinado.
En esa época era común ver por la calle unos monstruos llamados clasificadoras, que raptaban humanos de todo tipo para llevarlos a la picadora de carne, los brazos de las máquinas succionaban gente de una forma brutal, tal es así que el quince porciento del total de la carga moría al instante.
Una excepción se daba con los artistas, estos al presentar el carnet que los acreditaba como tales, evitaban automáticamente todas las etapas y continuaban libres. Se valían de una antiquísima norma que casi por error había podido filtrar un senador, posteriormente asesinado.
En esa época era común ver por la calle unos monstruos llamados clasificadoras, que raptaban humanos de todo tipo para llevarlos a la picadora de carne, los brazos de las máquinas succionaban gente de una forma brutal, tal es así que el quince porciento del total de la carga moría al instante.
14 febrero 2006
Diálogo de pastillas
Sentado cómodamente en el sillón, me disponía a mirar por TV el show de "Compre todo lo que nunca va a usar pero cómprelo ya a ver si todavía se da cuenta", disfrutando a su vez de una rica y potasiosa banana (sí, banana). La luz de la habitación brillaba por su ausencia. Apenas tenue, daba una forma borrosa del living.
Alguien se aclaraba la garganta y alarmado lo advertí detrás de la barra del bar, se mantenía en silencio pero no me sacaba la mirada de encima, los ojos bien redondos y blancos, un bigote espeso y poca estatura. De tez oscura y camisa a cuadros.
- Disculpe, usted qué mira?
- Y usted sabe lo que hace?
- Comer una banana, hasta donde yo sé...
- Sabe quién cosechó con sus propias manos esa banana?
- No me diga que...
- Sí, yo. Con el sudor de mi frente.
- No me dijo que con las manos?
- No se haga el tonto que ya bastante tonto es.
- Entoncés estoy justificado- golpeó la barra con el sombrero.
- Basta, ya es suficiente.
- Sí, ya es suficiente -ahora otra voz, recién salida del armario. De algún lado la conocía, media regordeta, de unos cincuenta, ojos negros y la misma indignación. Pero ese delantal verde con borde blanco medio roto...
- Sí, ya sé, no me diga nada, usted fue la que me vendió esta banana, o me equivoco?
- No se equivoca.
- En general no me equivoco casi nunca.
- Bueno, yo no diría eso, en realidad no lo conozco tanto.
- Es verdad, pero no viene al caso conocerme, no?
- No.
- Vio que no me equivoco.
Los dos miraban fijo, los dos con una mueca desaprobatoria al unísono. La situación se hacía insostenible. No pude más que coger el abrigo y salir a caminar un poco.
- Chau, hasta luego, que sigan bien... -las palabras quedaron suspendidas en el ambiente espeso y neblinoso del living, con sus puntos suspensivos y todo. Salí casi corriendo, derechito para la Farmacia a comprar los remedios.
Alguien se aclaraba la garganta y alarmado lo advertí detrás de la barra del bar, se mantenía en silencio pero no me sacaba la mirada de encima, los ojos bien redondos y blancos, un bigote espeso y poca estatura. De tez oscura y camisa a cuadros.
- Disculpe, usted qué mira?
- Y usted sabe lo que hace?
- Comer una banana, hasta donde yo sé...
- Sabe quién cosechó con sus propias manos esa banana?
- No me diga que...
- Sí, yo. Con el sudor de mi frente.
- No me dijo que con las manos?
- No se haga el tonto que ya bastante tonto es.
- Entoncés estoy justificado- golpeó la barra con el sombrero.
- Basta, ya es suficiente.
- Sí, ya es suficiente -ahora otra voz, recién salida del armario. De algún lado la conocía, media regordeta, de unos cincuenta, ojos negros y la misma indignación. Pero ese delantal verde con borde blanco medio roto...
- Sí, ya sé, no me diga nada, usted fue la que me vendió esta banana, o me equivoco?
- No se equivoca.
- En general no me equivoco casi nunca.
- Bueno, yo no diría eso, en realidad no lo conozco tanto.
- Es verdad, pero no viene al caso conocerme, no?
- No.
- Vio que no me equivoco.
Los dos miraban fijo, los dos con una mueca desaprobatoria al unísono. La situación se hacía insostenible. No pude más que coger el abrigo y salir a caminar un poco.
- Chau, hasta luego, que sigan bien... -las palabras quedaron suspendidas en el ambiente espeso y neblinoso del living, con sus puntos suspensivos y todo. Salí casi corriendo, derechito para la Farmacia a comprar los remedios.
13 febrero 2006
En serio
No hay caso, por más que me esfuerce, practique y practique, aunque logre agarrar las monedas del vuelto en el subte lo más rápido que un hombre pueda, al darme vuelta, el señor que siga en la fila estará molesto por mi presencia. Es un tema que me tenía mal, te juro que hasta que volé la estación en pedazos me tenía mal. Igual, ahora tengo otros problemas que iré resolviendo a su medido momento.
(es fulero medir los momentos, no?)
(es fulero medir los momentos, no?)
10 febrero 2006
Sobre gustos
Me gustan las personas que pueden ver un problema sin el dramatismo innecesario, y mostrarnos las soluciones que en realidad conocemos pero no queremos aceptar. Me gustan las personas que actúan como si nada les sorprendiera, pero sin mostrarse altivos, sino serviciales y dispuestos. Parecerá que hay muchas, pero no, en realidad es muy fácil confundirlas por una clase más común y vulgar.
Además me gustan las papas fritas y seguir teniendo olor a desodorante.
Además me gustan las papas fritas y seguir teniendo olor a desodorante.
28 diciembre 2005
Decisión
Esa lágrima revelaba su verdadero deseo, tarde empañado por la decisión incorrecta. La pantalla lo consumía en un blanco enceguecedor. El silencio penetraba sus oídos. Todo terminaba, todo explotaba. Él había decidido comenzar de nuevo. Él había decidido por todos.
26 diciembre 2005
Un loco sublime
Un negro matiz de sentimientos oscuros dominaba cada una de tus reacciones. Desde el disparo la sierra, el pozo y el cigarrillo, insignia de una victoria siniestra, hasta el traje y el buenos días. Un ser extraño, perfectamente macabro. Un loco sublime, metódico, morboso y despreocupado. La camisa abierta, la corbata floja en corona de laureles, el atardecer que entraba por unos ojos bien abiertos, las ojeras transpiradas, las manos siempre impecables.
De criticar, por hacerlo nomás, una mínima gota de sangre oscura y muerta filtrada sobre el interior del pantalón, a la altura del dobladillo, pero que pasaría indiferente a la mirada de todos.
De criticar, por hacerlo nomás, una mínima gota de sangre oscura y muerta filtrada sobre el interior del pantalón, a la altura del dobladillo, pero que pasaría indiferente a la mirada de todos.
15 diciembre 2005
Espera
El hastío tenía un fino color a hierbas vivas, y un olorcito a cerveza impregnada en la barbilla, en los pómulos, en la capa de grasa que untaba la piel de aquella cara. Aquella cara de ojos prestados, una sorpresa que no llegaba, una espera dejando paso al cansancio, que confundía la importancia con ese falso sentimiento de que todo da igual.
03 diciembre 2005
Américo
Américo era un tipo que había logrado trasponer la barrera de lo ridículo, llegando a ser un espectáculo gracioso. Ese mal humor típico que lo caracterizaba, a su vez reforzaba la sonrisa de quienes lo conocían. Vivía en el Bar del Tano, allá por la calle Laprida, su hogar era una banqueta que daba a la barra, ya descosida por tantas sentadas. Nadie en el Bar sabía de dónde había venido, si tenía familia, dónde vivía, nada. Pero el Tano lo dejaba porque atraía a la gente. Las alas habían dejado de ser blancas, para tomar un color grisáceo grasiento, medio amarillento y con manchas de café. Además, en uno de los lado le faltaba un pedazo. Es que Américo nunca pudo dominarlas bien, eran más una carga que parte de su cuerpo. La túnica estaba en peores condiciones, la verdad que de Ángel de la Guarda, como él mismo se decía, le quedaba poco. Ahora, era increíble la cantidad de alcohol que podía consumir por día, si algo ponía en duda su condición de humano era eso, vaso tras vaso. El gordo Rinfolfi lo desafió una vez y le ganó, tomo un vaso más de cerveza que Américo, veintiocho en total, pero esa misma noche entró en coma alcohólico y murió a la mañana siguiente. Mientras que Américo siguió en la barra como si nada -aunque los que se quedaron hasta tarde dicen que se pasó un buen rato en el baño vomitando. Dormía en uno de los cuartos del baño. Todos dicen que estaba loco, pero no era peligroso, algunos le habían tomado cariño. Cada tanto salía corriendo como trueno, corría por las calles hasta perderse en alguna esquina, para volver quién sabe cuando, cansado, con la cabeza gacha, hecho un mamarracho. Ese era Américo, un Ángel de la Guarda del barrio.
26 noviembre 2005
Desorden
No clavarás tu lanza aquí.
Maldigo tu insignia impune.
Creador de duelos insensatos.
Espina de mal agüero.
Obligas a llorar por culpas ajenas.
Te ríes y gozas con todos.
Haré justicia, haré verdad,
haré unas ricas tarteletas de calabaza rellenas,
que te vas a chupar los dedos.
En la estación
Imagino situaciones, situaciones solitarias, aisladas de un entorno poco meritorio. Preciosas gemas negro mate, preciosas gemas que no te devolverán un mínimo reflejo, que no podrás ubicar en ningún lugar de la pobre lógica.
El calor descomponía una realidad inmóvil, llenaba el aire y la mente, evitaba pensar. El polvo era su fiel aliado. La estación de nafta estaba bien ubicada, pero nadie se detenía, nadie quebraba el cansancio de lo habitual. Julio ya era viejo, tenía como mil años, pero contaba poco. Nadie conocía su vida antes de la estación, en realidad a nadie le importaba. La gorra, guardiana de una calva granizada por lunares bien feos, contenía la transpirada frente y daba la sombra necesaria para divisar algún posible cliente. Pero Julio no miraba, hacía días que había dejado de mirar. Julio agonizaba en una cárcel de sentimientos encontrados.
Las lágrimas se habían secado, la sangre desparramada por el piso también.
Apenas temblaba, apenas su corazón latía, el único músculo con vida propia, el único órgano despiadado que no lo dejaba en paz. Julio lloraba, no se veía, pero lloraba, y lloraría hasta el último aliento. La culpa, la negación, el asombro, la tristeza y la furia habían estallado en su cabeza despojándola de toda utilidad.
Habían pasado varios días y el cuerpito de su hija seguía tirado allí, cerca del surtidor, todavía conservaba las huellas de esas ruedas asesinas. Todavía tenía la hebilla de su cumpleaños, y seguía siendo hermosa, aunque su carita no estuviera feliz. Aunque no correteara por todos lados. Aunque no discutiera a la hora de dormir.
El calor era insoportable, no dejaba pensar.
08 noviembre 2005
La falla
Y apretó, y apretó, mientras la adrenalina amenazaba con hacerle estallar la cabeza, pero un poco pispiaba pa' bajo a ver qué pasaba, o mejor dicho, qué no pasaba. De a poco, la cara de estúpido feliz se fue modificando hasta ser la cara de un estúpido estúpido. Temblaba, temblaba como una hoja, aunque jamás vi temblar una hoja tanto como este pobre. En realidad jamás vi temblar una hoja. Aunque mejor dicho no me interesa si las hojas tiemblan. Aunque no creo que tiemblen. Examinaba el pulsador no para buscar una explicación, sino más bien para echarle la culpa. Insolente, irrespetuoso, qué se creía el maldito. Esa falla dejó sin sentido gran parte de su vida, le arruinó años de planeamiento y arrancó de cuajo mucho de su coraje, cultivado por los años de lectura e indignación. En fin, aquí ya no hay más nada por hacer, esta batalla la perdí. Se alejó caminando triste, mientras buscaba otro pulsador que tenía destinado al Banco Nacional.
Y si tiemblan, por qué lo hacen? A qué le tienen miedo? Será el viento un compañero infiel, será la lluvia cruel, o será el desasosiego de la continua suspensión.
Y si tiemblan, por qué lo hacen? A qué le tienen miedo? Será el viento un compañero infiel, será la lluvia cruel, o será el desasosiego de la continua suspensión.
11 julio 2005
La ducha de la cultura
¿Seremos hijos de una masa amorfa de ideas irresolutas y crema del cielo? Habremos compartido el cuarto con muchas más ilusiones que esperan ser materializadas? Será el tiempo un ser estructurado y racional, que a empujones nos lleva por la vida mientras uno no deja de mirar atrás? Quién deja de tejer la sábana de la vida, donde uno reposa con su inocencia intacta? Con cuántas agujas nos pincha la culpa en la boca del estómago, o serán caricias que nos incitan? Alguien, en este mundo, sabrá de dónde sale el ananá? -Ernesto, si no salís ahora del baño te apago el calefón, hijo de mil puta!!!
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